Dos características vuelven riesgoso un alimento para un bebé que apenas empieza: que sea duro y que sea redondo. Todo lo demás se deriva de ahí.
Los duros: frutos secos y leguminosas
Almendras, pistachos, maní. Al ser duros pueden impactarse y obstruir la vía aérea. Un niño pequeño no tiene todavía la molienda ni el control para manejarlos enteros, por buenos que sean nutricionalmente.
La forma segura es siempre en mantequilla. Untada fina, mezclada en la papilla o extendida en un trozo de fruta. Así conserva lo que aporta y pierde lo que lo hace peligroso.
Los redondos: uvas y arándanos
Pequeños, redondos y deslizables: tienen justo el tamaño y la forma del calibre de la vía aérea de un niño. Por eso se fraccionan o se aplastan. Una uva se parte a lo largo, en cuartos, no en rodajas; los arándanos se aplastan un poco antes de ofrecerlos.
Recuerda siempre las normas de seguridad al iniciar la alimentación complementaria de tu bebé.
Lo que va con todo esto
- Que coma sentado, en su silla, con los pies apoyados. Nunca acostado ni caminando.
- Que haya un adulto presente, mirando, todo el tiempo.
- Sin distractores. Un niño riéndose con la pantalla no está pendiente de lo que traga.
- Arcada no es atragantamiento. La arcada hace ruido y es un reflejo que protege; el atragantamiento real es silencioso.

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