Cuando hablamos de buenas prácticas para empezar la complementaria, casi todo el mundo pregunta por el menú. Yo empiezo por otro lado: por la silla. Un bebé mal sentado come mal, se cansa antes y tiene más riesgo de atragantarse.
¿Y cuál es la silla adecuada? La que permite formar tres ángulos de 90 grados.
Los tres ángulos
- El primero, de la espalda a la cadera. El tronco erguido, no reclinado hacia atrás. Si el bebé va medio acostado, está tragando en una postura que no es la de comer.
- El segundo, en las rodillas. La silla debe ser lo bastante corta como para que las piernas doblen por el borde del asiento, no que queden estiradas al aire.
- El tercero, en los pies. Este es el que casi nadie mira: la planta de los pies tiene que apoyarse en un descansapiés.
Por qué importan tanto los pies
Porque comer es un trabajo de todo el cuerpo. Un niño con los pies colgando no tiene dónde hacer fuerza, y la energía que debería usar para masticar y manejar el bocado se le va en sostenerse. Es la diferencia entre comer sentado a la mesa y comer en un taburete alto con las piernas balanceándose.
Nuestros hijos deben apoyar la planta de sus pies en un descansapiés.
Qué mirar el día que vayas a comprarla
No hace falta la silla más cara. Hace falta que cumpla, y eso se revisa ahí mismo en la tienda:
- Espaldar reclinable, para acomodarlo según la edad del bebé.
- Bandeja a buena distancia, de modo que pueda mover los brazos con libertad. Si la bandeja le queda encima del pecho, no va a poder llevarse nada a la boca.
- Asiento corto, para que las rodillas doblen por el borde.
- Descansapiés regulable, que alcance la planta del pie hoy y siga alcanzándola cuando crezca.
Un detalle que ahorra discusiones
La silla también marca dónde ocurre la comida. Si el sitio de comer es siempre el mismo, tu peque entiende sin que se lo expliquen que ese momento tiene un lugar y un rato. Comer persiguiéndolo por la casa enseña justo lo contrario.

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