Este tema lo conversé con un psiquiatra de niños y adolescentes, porque es de los que en consulta pediátrica aparecen de reojo: la mamá viene a hablar del bebé y lo que está pesando es otra cosa.
Son cinco señales, y la última es la más grave.
1. Cansancio físico a pesar de haber dormido bien
No es el cansancio esperable de las noches partidas. Es levantarse habiendo dormido y sentir que no sirvió de nada.
2. Dificultades para dormir
La paradoja que más frustra: el bebé por fin duerme y tú no puedes. La cabeza no baja de revoluciones.
3. Pensamientos negativos frecuentes sobre la maternidad
Sentir que eres insuficiente. Que no estás haciendo las cosas bien. Que todas las demás pueden y tú no. Aparecen solos y se repiten.
4. Irritabilidad y mal genio frecuentes
Saltar por cosas que antes no te movían, y sentirte mal después por haber saltado.
5. Desconexión emocional con el bebé
Esta es la más grave y la más callada, porque da vergüenza decirla en voz alta. Sentir que estás cumpliendo con todo —alimentarlo, cambiarlo, cuidarlo— pero que no estás ahí.
Si te identificas con alguna de estas señales, no es un defecto tuyo: es una señal para pedir ayuda.
Qué hacer con esto
Nombrarlo ya es la mitad. Si te reconociste en una o en varias, háblalo: con tu pareja, con tu red, con tu médico. El agotamiento materno tiene tratamiento y acompañamiento, y buscarlo temprano cambia mucho las cosas — para ti y para tu bebé.
Y si vienes a control con tu peque y quieres contarme cómo estás tú, este espacio también es para eso.

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