Lo que no debemos hacer
Inclinar la cara hacia atrás. Es el reflejo de todos y es el error clásico. Al echar la cabeza atrás el niño traga sangre, eso le provoca vómito, más incomodidad, y lo que era un susto se convierte en una escena aparatosa.
Meter papel o servilletas. Los tornillitos de papel son papeles capilares: absorben, sí, pero mantienen el vaso abierto. Cuando se retiran, vuelve a sangrar.
Lo que sí
- No entrar en pánico. Tu calma hace la mitad del trabajo, porque un niño asustado se mueve y llora, y eso empeora el sangrado.
- Inclínalo ligeramente hacia adelante. Así la sangre sale y no se traga.
- Aprieta las fosas nasales con dos dedos. Con fuerza, en la parte blanda —ni muy arriba sobre el hueso, ni en la punta—, durante tres a cuatro minutos seguidos.
Y aquí va la parte difícil: tres minutos sin soltar. La tentación de aflojar para ver si ya paró es enorme, y cada vez que uno suelta, el reloj vuelve a cero. Cronométralos.
Los sangrados nasales son muy frecuentes en la infancia y la mayoría son de origen benigno.
Cuándo consultar
Que sean frecuentes y benignos no significa que no se miren. Consulta si se repiten seguido, si duran más de lo que deberían a pesar de la presión, si aparecen junto con moretones fáciles, o si simplemente te preocupan. Atenderlos a tiempo es parte del control, no una exageración.

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